05/09/2026
No miremos al futuro por el retrovisor
Miguel Benayag junto a Ariel Pennisi aportan un análisis sobre la inteligencia artificial, pero principalmente se preguntan e indagan por lo que nos diferencia de la máquina, lo que nos hace humanos.
Por: Educatopía
Aunque el libro se publicó a fines de 2023 (un año después del lanzamiento de ChatGPT), y en nuestro acelerado mundo tres años de avances tecnológicos parecen un siglo, la obra no perdió vigencia, sino todo lo contrario.
Si bien en él se habla en reiteradas ocasiones de ChatGPT, por más actualizaciones o competidores que hayan aparecido, siempre seguimos hablando de lo mismo: LLMs (enormes modelos de lenguaje que predicen palabras). Si no ha perdido vigencia es porque lo que persigue este ensayo a dos voces -el texto es una conversación entre Miguel Benayag y Ariel Pennisi -, es quizás el tema que más aparece en los últimos meses: la singularidad en la era de la IA. Pero en este caso, lo que ambos autores resaltan es la singularidad de lo vivo, no la singularidad de la máquina.
La lectura avanza y nos introduce en una conversación profunda, compleja y desafiante que aborda desde la modernidad, las diferencias entre nuestra forma de pensar y el accionar maquínico, las nuevas formas de colonización algorítmicas, hasta la deconstrucción, el derecho de personas no humanas (animales y ecosistemas), el transhumanismo y los horizontes de futuro.
Cuando leemos el título del libro nos lleva a la pregunta obvia: ¿cómo que mi cerebro no piensa?- Sí, usamos el cerebro para pensar, pero no lo hacemos de la misma forma que usamos los pulmones para respirar. Usamos el cerebro como una interface que forma parte de un conjunto orgánico y todo ese conjunto nos permite generar eso que llamamos pensamiento.
“El cerebro aislado no piensa, es una interface que hace parte de un conjunto orgánico en el que todas las variantes en esa relación múltiple que las caracteriza y que es irreductible impulsan, dotan de energía y de todo lo necesario para que esa combinatoria que llamamos pensamiento simbólico exista. (...) Contrariamente a la densidad estadística, una sola experiencia pone en cuestión todo un polo semántico, cuestiona la legalidad de una estructura entera. ”
A diferencia de la máquina, nuestra singularidad está dada por cuerpos atravesados por deseos, sufrimientos, marcas, historias personales, tribales y sociales. Para ambos autores allí radica la principal diferencia de naturaleza, la máquina solamente puede verse afectada en un sentido (acumulación y funcionamiento) pero nunca puede afectarse a sí misma producto de una sensación.
“Si se le encarga al ChatGPT un poema sobre el atardecer, podrá contar con toda la información necesaria para articularlo incluso estilísticamente según se le ordene, asimilándolo a tal o cual estilo o tradición, pero el atardecer tiene que ver con la belleza,
sólo en tanto emerge como bello para un ser vivo que participa del fenómeno atardecer como un conjunto de elementos materiales que a su vez se inscribe en una situación.”
En el libro se advierten ciertos peligros producto del uso irreflexivo de estas tecnologías, cuando delegamos todo en la máquina y somos sustituidos por ella se genera un aplastamiento de los procesos humanos y de la singularidad. Quizás por eso a casi nadie le gusta lo que crea la IA, los flyers todos iguales, las webs todas iguales, los textos todos iguales, el IA Slop (esa marea de contenido basura y redundante generado masivamente por inteligencia artificial sin supervisión humana). Aunque esto no necesariamente implica que un artista pueda utilizar estos modelos, explorar ideas y transformarlo en algo bello, singularmente bello. Barthes dijo una vez que los libros que le gustaban eran los que nos llevaban a levantar la vista más allá de las páginas y pensar en otra cosa. Mientras leía este libro se me vino a la mente la voz de Mariano Sigman contando la historia de cómo la artista Coco Davez creó la tapa de su libro “Artificial: La nueva inteligencia y el contorno de lo humano” con Mid Journey. Sigman plantea un valor en usar estas herramientas, no para aceptar pasivamente lo que devuelven, sino para tomar la idea, transformarla y llevarla a una creación propia. En el ejemplo de la artista, la IA funciona como una extensión de su proceso creativo: ella sospecha que está “robando” una imagen ajena, pero al final descubre que en realidad estaba recuperando una imagen que ya había dibujado de niña, -la encontró mientras vaciaba una casa- y que la herramienta solo le permitió expresarla mejor.
Una conversación infinita es a lo que nos lleva pensar qué es lo humano, si hay límites, bordes, contorno. Otra de las claves que propone el libro al referirse a esta colonización es el lugar que ocupa la comprensión, parece que la máquina mientras más funciones le delegamos más nos aplasta y determina lo que somos capaces de hacer sin ella. La comprensión para Miguel Benasayag es un fenómeno corporal, es con el cuerpo que se comprende, mientras que la máquina solamente maneja información, bits.
Quizás la pregunta o el desafío más grande es cómo poner el límite. Trabajar en los bordes y contornos de la IA con los estudiantes adentro de un aula y que esto no los aplaste en tanto humanos -incluso pensandose a uno mismo, autoafectándose, aterra-. Hay algo con el ejercicio de poner el cuerpo, los cuerpos de los docentes, de los estudiantes y de las familias interactuando, que seguramente sea necesario volver a revisar una y mil veces más durante los próximos años. No por nada, el gobierno de Milei intenta fortalecer la educación en el hogar.
Otro de los puntos interesantes que se leen en la conversación de este libro es la hibridación organismo-artefacto, el transhumanismo, sueño húmedo de más de uno de los magnates de turno. Se preguntan sobre esto y también sobre la legalidad, el derecho de animales y de los ecosistemas como sujetos de derecho. Conversación que sigue vigente y actualizada por el mismo gobierno, promoviendo la creación de personas jurídicas no humanas, empresas manejadas por inteligencias artificiales. Cada uno de los temas que aborda el libro sigue dando de qué hablar y la lectura que propone no hace más que ganar actualidad y vigencia.
Esta complejidad actual, que mezcla tecnofobia, desregulación extrema y virtualidad, es lo que llevó a Benasayag a reflexionar en una entrevista con Fernando Soriano sobre cómo nuestro tiempo es mucho más difícil de habitar y transformar que el de la década del 70. Planteaba que el tiempo de la dictadura argentina fue más simple. El camino que nos toca transitar hoy es muchísimo más complejo, de habitar, de comprender y por ende, de transformar.
Lo que más me gustó del libro es que no pretende cerrar la conversación y nos invita a desafiarnos, a mirar hacia adelante y no terminar derrotados. “La tecnología es la que hay, el desastre es real, es lo que hay y no podemos mirar al futuro con un espejo retrovisor”. Ejercer el rol docente hoy en día requiere que podamos mirar hacia adelante e inventarnos nuevos horizontes junto a nuestros estudiantes; disfrutemos del camino, quizás lleguemos a buen puerto, y si no lo logramos, al menos autoafectemonos en el camino.