09/05/2026
Bookcassette: un objeto que cruza generaciones
En una era de scroll infinito, inteligencia artificial e inmediatez, dos argentinos encontraron en un viejo cassette y una lapicera BIC la llave para que los jóvenes —y no tan jóvenes— se acerquen a los textos clásicos de una manera completamente nueva.
Por: Educatopía
En una era de scroll infinito, inteligencia artificial e inmediatez, dos argentinos encontraron en un viejo cassette y una lapicera BIC la llave para que los jóvenes —y no tan jóvenes— se acerquen a los textos clásicos de una manera completamente nueva. Educatopía entrevistó a Agustina Martino y Diego Paladino, creadores de Bookcassette, un objeto que nació en Instagram, se volvió viral y hoy se convirtió en un pequeño gran fenómeno editorial analógico.
Todo comenzó con una pregunta. En su cuenta de Instagram @lectordeltren -perfil dedicado a recomendar libros-, Diego solía hacer dinámicas con sus seguidores. Un día preguntó algo que desencadenó todo: ¿es verdad que los jóvenes no leen?
“De alguna manera, entre comentario va, comentario viene, se llegó a la conclusión de que en realidad se lee más que nunca, pero capaz lo que no se lee tanto es ficción o no se lee de la manera clásica en libros de hojas que tenés que pasar página y en oraciones largas. Los chicos están expuestos a la pantalla constantemente. No solo leen redes sociales, sino que miran mucho anime subtitulado, historias breves. Se lee mucho manga, que también tiene un formato de texto más corto, que es muy diferente al formato libro porque se lee incluso al revés de lo que se lee un libro”, agrega entre risas.
Frente a esa realidad, surgió el desafío: ¿cómo acercarles los textos clásicos? “Tratamos de llevar esos textos clásicos que capaz no te agarran un libro y se lo leen. Capaz lo hacen si es tarea para la escuela, pero si les regalan un libro de cuentos de Poe es más difícil que lo lean y terminen de leer un cuento”.
De una caja de cartón a la viralidad
La solución no fue digital. Fue analógica. Pero no una analogía nostálgica vacía, sino una respuesta pensada desde la forma de leer de los nativos digitales.
“Traté de adaptar esa manera de leer en oraciones cortas y sin pasar página, scroleando como estás en el celular, a alguna cosa que también te dé ganas, que tenga un gancho, que sea algo muy de las redes sociales de ahora: algo viral, curioso, que tenga un componente nostálgico, que haga que un pibe tenga un cuento lo quiera terminar”, relata Diego.
La idea inicial era rudimentaria: “Al principio era usar una caja de cartón con dos rollos y de pronto lo ves y decís: 'Esto es un cassette'. Lo ampliás, agarrás un cassette y ya tenés todo armado”.
Pero lo que iba a ser una simple curiosidad para Instagram se transformó rápidamente en algo mucho más grande. “La subí como una curiosidad para hacer un reel y de pronto se viralizó mal: más de un millón de vistas”, cuenta. Y agrega un dato clave: “La idea no era vender bookcassettes, era generar ese objeto curioso. Lo hice y la gente empezó a decir 'uh, se vende, ¿dónde lo compro?', y medio que esa circunstancia nos llevó a crear el emprendimiento. No hubo un plan de generar algo que podamos vender”.
La experiencia de lectura
Uno de los puntos más interesantes tiene que ver con la diferencia entre leer en pantalla y leer en el bookcassette. Diego comparte su propia experiencia leyendo un libro de 900 páginas en el celular, en formato EPUB: “Al no pasar páginas no te das cuenta cuánto leíste. Lo leí en dos o tres días y después me di cuenta que eran como 900 páginas. En el celular, al estar acostumbrado a leer, te lo leés muy rápido. Son oraciones más cortas y es como infinito, no te das cuenta cuántas páginas leíste”.
Esa falta de límite, que para algunos puede ser una ventaja, para otros se convierte en una dificultad en las clases. Al momento de leer un PDF desde el celular, lo primero que hacen los jóvenes es scrollear: 'a ver cuánto es, a ver cuánto vamos a estar con esto'. También se hace muy fácil que se pierdan.
El bookcassette, en cambio, ofrece una experiencia diferente. “Tiene esa particularidad de que se te queda en donde dejaste la lectura”, señala. Y algo fundamental: “No sabés cuán largo es el texto, no lo sabés hasta que lo terminás”.
Pero quizás lo más novedoso es la incorporación del gesto físico. “Uno al estar accionándolo —que es una pavada, pero bueno— estás haciendo un movimiento. No es lo mismo. Esa conciencia de que no es infinito, no estoy leyendo por leer o leo entre líneas, sino que yo mismo me estoy relacionando con ese objeto”, reflexiona.
Elegir qué textos van dentro de cada bookcassette no es un capricho. Los creadores tienen un criterio que combina lo técnico con lo narrativo, y hasta con lo viral.
Lo primero, una condición innegociable: tienen que ser textos de dominio público. “Tiene que entrar y tiene que ser de dominio público”, resumen. Esto les impide, por ahora, abordar a autores como Cortázar o Borges. “Me encantaría hacer Cortázar, Borges, pero al ser tan viral el producto, es para comerte un problema. 70 años después de la muerte del autor se vuelve dominio público. No es que no se pueda, pero no nos queremos arriesgar”.
Más allá de lo legal, hay una curaduría conceptual. Eligen autores que consideran “clásicos de la literatura”, pero también buscan algo más: la historia detrás del escritor. “Nos gusta mucho usar autores que tienen una historia interesante, que muestre la época en la que vivieron. Les contás la historia de Quiroga a los pibes… tiene una tragedia tras otra que parece mentira”.
A esos autores los llaman, con complicidad, “los rockstars de la literatura”. Y ponen un ejemplo contundente: “Mary Shelley: a los adolescentes les contás que Frankenstein lo escribió a los 16, 17 años, borracha, en una casa con cuatro chavones más, de rockstar, y es como que después el cuento lo agarrás de otra manera”.
Además, la selección no es unidireccional. Con más de 200.000 seguidores en Instagram, Diego somete las decisiones a votación. “Pongo encuestas: ¿qué hacemos? ¿Corazón delator, gato negro, casa Usher? Tiro y me votan. Lo someto a la democracia de mi público lector”.
Diálogo con la cultura popular: de Poe a Merlina
Una de las claves del éxito parece ser la capacidad de conectar los textos clásicos con el presente. “Hay un diálogo todo el tiempo con los autores clásicos y la cultura popular del momento”, explica.
Pone un caso concreto: “El gato negro de Poe se hizo viral cuando se estrenó Merlina, que estudia en la academia Nevermore. Yo hice un reel de Merlina leyendo el bookcassette de Poe. Es que los pibes entiendan por qué Merlina tiene una estatua de Poe, que no quede solo en la superficie, que puedan ir y leer a Poe”.
Esta capacidad de tejer puentes entre el canon literario y el entretenimiento contemporáneo parece ser uno de los grandes aciertos del proyecto.
El objeto en el aula: asombro, magia y una lapicera BIC
¿Qué pasa cuando un bookcassette llega a una escuela? Si bien los creadores reconocen que no tienen aún testimonios recientes de docentes —si tuviste experiencias escribinos y se las hacemos llegar—, sí pueden describir la reacción inmediata que genera el objeto en ferias y encuentros.
“Es hermoso, y para todas las edades. No solo de adultos, que era el público que pensábamos como principal”, dice Diego. Y describe la escena: “Nos ponemos así con el bookcassette y no entienden lo que es. Algunos flashean que es para guardar lápices, otros que es un cuadrito con la cara del autor, y cuando metemos la lapicera y giramos es como 'oh', todos como si hubiéramos hecho un truco de magia”.
Porque el mecanismo es simple pero efectivo: se introduce una lapicera BIC en el cassette y se gira para avanzar o retroceder el texto. “Eso de rebobinar con una BIC, vincular a los pibes con la lapicera… uno pone el dedo para scrollear, pero no hay una experiencia sensorial ahí”. Y agrega: “Hay algo de incluir todos los sentidos. Resulta toda una experiencia de lectura..
En cuanto a la resistencia del objeto, reconocen que depende del uso. “Si se lo regalan a chicos muy chicos, de 4 o 5 años, lo revolean y se hace pelota. Pero si se cae, después el uso sigue. El hijo de mi mejor amiga lo tiene, lo ha leído con los amigos, lo vuelve a rebobinar… es 100% apto para un uso intensivo”. Para todos los socios de Educatopía Bookcassette pone a disposición un descuento especial.
Ser dueño de lo que se lee como acto de soberanía
¿Qué implica volver a lo físico en tiempos de Spotify, Netflix y las plataformas de streaming?
Diego no duda y en esto deja las risas: “No solo es la lectura. La soberanía de lo que leemos es volver a lo físico, es recuperar la soberanía de ser dueño de algo, de tener algo propio. Vos antes escuchabas una canción de un cassette o de un vinilo y la tenías. Tenías algo. Ahora es algo que tiene Spotify, que lucra con que lo tengan ellos. Si un día no pagás la suscripción, ya no podés acceder”.
La analogía se extiende a las plataformas de video y a los propios libros digitales. “Lo mismo los Kindle (dispositivo que utiliza tecnología de tinta electrónica que simula el papel para evitar la fatiga visual): te roban el Kindle y perdés una biblioteca entera, hasta que no tengas un Kindle nuevo. Vivimos alquilando cosas de prestado, no somos dueños de nada”.
Y concluye con una imagen potente: “Vamos a tener que alquilar nuestros recuerdos, como pagar alquiler por eso también. Las fotos antes las imprimías y las tenías que cuidar, como todo objeto físico. Si descuidás la foto, se te moja, pero era tuya. No tenías que estar pagando todo el tiempo para que eso se mantenga”.
A futuro, los creadores tienen varios proyectos en mente, aunque con la cautela de quienes saben que son solo dos personas al frente del emprendimiento.
Mencionan a Óscar Wilde como una posibilidad (“El fantasma de Canterville me encantaría”), aunque reconocen que muchos de sus cuentos tienen una carga religiosa. También sueñan con un bookcassette de haikus: “Una imagen y el haiku en japonés, algo más otaku. Vi unos haikus de una celebridad japonesa y dije: 'Esto es para un bookcassette'. Porque se escribe en vertical, sería una masa”.
En el plano más inmediato, se proponen buscar activamente testimonios de docentes que hayan usado el bookcassette en el aula. “Nos encantaría buscar testimonios y contar experiencias, pero no son recientes. Sabemos que hubo, pero nos gustaría buscarlos”. Spoiler: para esto, queremos ayudarlos y tenemos un beneficio para los docentes.
También planean, en futuras charlas, permitir que el público manipule el objeto. “Nunca hicimos eso. Siempre es mostrarlo, cómo funciona. Está como el miedo a que lo rompan. Pero la próxima vamos a hacer eso para ver qué pasa”.
Para docentes y curiosos: Diego Paladino compartió en una charla viral cómo relacionó el Libro de los seres imaginarios de Borges con criaturas de Harry Potter, One Piece y Pokémon. Podés encontrar la exposición completa acá o en su perfil de TikTok (@lectordeltren). Es un recurso excelente para motivar a los estudiantes.
El bookcassette es muchas cosas a la vez: un dispositivo de lectura, un objeto nostálgico, una herramienta didáctica, un gesto político en tiempos de consumo intangible.
Pero quizás lo más valioso sea lo que genera en quien lo tiene por primera vez: asombro, curiosidad y ganas de leer.
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