22/03/2026
LOS DOCENTES: ¿AUTORIDAD O COMPAÑEROS DE POBREZA?
Entre la urgencia del presente y la apuesta al futuro. Una relectura de Silvia Bleichmar a 20 años de su conferencia en Rosario.
Por: Educatopía
La memoria es un ejercicio constante que debemos sostener como sociedad. No todo entra en un pendrive, ni en los data centers de las corporaciones transnacionales. En Educatopía entendemos la memoria como un conjunto de prácticas sociales, críticas y reflexivas; una herramienta de los pueblos que necesitan volver una y otra vez al pasado para poder avanzar y disputar los sentidos de su futuro.
Presentamos una transcripción adaptada de la conferencia brindada por Silvia Bleichmar en el ciclo “Historia, Contexto y Actualidad en el campo psi. Jornadas por la Memoria” (Rosario, 8 y 9 de septiembre de 2006). Un texto imprescindible para leer, debatir y repensar nuestra práctica en tiempos de crueldad e inmediatez.
La construcción de legalidades como principio educativo
No se trata de traer respuestas, sino reflexiones. La realidad siempre circula más rápido que lo que se puede responder. Una de las cuestiones centrales es que la organización misma de las preguntas se ha vuelto difícil porque no existen parámetros claros sobre cuáles son las nuevas condiciones de producción de subjetividad en el país. Más que la construcción de respuestas, se trata de empezar a puntuar las preguntas que es necesario hacerse y pensar sobre qué parámetros hay que organizar algunas respuestas.
Nuevas formas de violencia, impunidad y resentimiento en Argentina
Existe una profunda preocupación por las nuevas formas que toma la violencia en la Argentina. No se trata solamente de una mayor cantidad: hay formas inéditas. Era inexplicable que ocurriera algo como la masacre de Carmen de Patagones, que un chico intentara golpear a una maestra, que alguien llevara un destornillador para agredir a un compañero. Había formas de violencia, pero eran infantiles. No se puede concordar con quienes plantean que estas nuevas formas son la expresión actual de algo que ocurrió siempre. Dan cuenta de procesos muy severos de subjetivación y de procesos acumulados de impunidad y resentimiento.
Cambio de agenda: de la seguridad a la impunidad
Lo que define el problema de la violencia no es la inseguridad, es la impunidad.
La propuesta es cambiar la agenda que pone el acento en la seguridad por una que lo ponga en la impunidad. Lo que define el problema de la violencia no es la inseguridad, es la impunidad. Estos "bolsones de impunidad" se arman en un país brutalmente desgastado por la impunidad “de arriba” durante muchos años, y por las formas en que eso arrasó con la cultura del trabajo y de la ética.
Educar para el futuro y la producción de subjetividad
Si se educa para el presente, se termina profundamente desanimado, sobre todo en los sectores más postergados. No se puede educar para el presente, es necesario educar para el futuro. ¿Cómo se educa en condiciones en las que se prepara a un sujeto para un futuro que todavía no se avizora? Si se educara para las condiciones actuales, se estarían educando psicópatas.
Una escena cotidiana lo ilustra: una hija que pregunta si tanto esfuerzo vale la pena, si un día las cosas van a salir bien. La respuesta, dicha con la convicción de quien quiere transmitir esperanza, fue "por supuesto". Así como antes se decía a los niños que no se morían, se les decía que si se rompían el alma iban a estar seguros de que les iría bien en la vida.
En las escuelas del Estado, gran parte de los niños consideran a los maestros "compañeros de pobreza". Esto plantea una situación muy difícil: ¿cómo recomponer la confianza en el futuro a partir del conocimiento?
Uno de los problemas más serios que se afrontan es la forma en que se inscribe la problemática educativa en el adulto como ausencia de futuro, y en los chicos como inmediatez. En las escuelas privadas, a partir del proceso de deconstrucción de la ética, gran parte de los maestros son considerados "asalariados de los padres" por parte de los hijos. En las escuelas del Estado, gran parte de los niños consideran a los maestros "compañeros de pobreza". Esto plantea una situación muy difícil: ¿cómo recomponer la confianza en el futuro a partir del conocimiento?
La educación no es solo transmisión de conocimientos, y mucho menos en una época en la cual la tecnología se encarga de producir e impartir información. Se conocen cantidad de chicos que fracasan en biología y saben un montón por ver Discovery Channel. Pero la escuela tiene que cumplir una función que no puede cumplir ninguna tecnología: la producción de subjetividad. Más todavía en un momento en que los medios de comunicación están en manos de corporaciones, el único lugar que queda para producir una subjetividad realmente potable para el futuro es la escuela.
Diferencia entre ética y moral
Es necesario establecer la diferencia entre ética y moral, porque gran parte de las preguntas que se hacen los maestros es cómo responder a cuestiones que no saben de qué orden son: los embarazos adolescentes, las relaciones sexuales, el debate sobre la educación sexual. Cuando se consultó al respecto, se planteó que el problema no era impartir la educación, sino procesar la formación que los chicos ya traen. Hay que salir del doble juego de creer que la sexualidad es del orden de la religión o del orden de la naturaleza. No es ni lo uno ni lo otro: es del orden de la cultura.
La ética está basada en el principio del semejante, en la forma con la que se enfrentan las responsabilidades hacia el otro. La ética es la presencia del otro. Si se piensa en los mandamientos, el primero es "no matarás": plantea qué responsabilidad se tiene hacia el semejante. Mientras que la moral son las formas históricas que toman los principios con los cuales se legisla.
Autoridad y derecho Moral
Aquí se abre otro problema: la relación entre ley, derecho y autoridad. Muchas veces los maestros se preguntan qué pasa con el respeto a la autoridad en un país donde durante tantos años ésta estuvo al servicio de la corrupción y del asesinato. La autoridad no se puede ejercer sin derecho moral a su ejercicio. Toma dos formas: la que se pretende imponer desde el punto de vista de los límites, y la que se instala desde el punto de vista de las identificaciones internas con la legislación que transmite aquel que tiene derecho ético a hacerlo.
La ética de Kant, el imperativo categórico, está basado en: "Actúa de tal manera que tu conducta pueda ser tomada como norma universal". En otras palabras: no le hagas a otro lo que no querés que te hagan. Pero hay una degradación de este principio que ha llevado al terror y a las formas perversas de los estados: "Actúa de tal manera de complacer al legislador". Es lo que se planteó con la obediencia debida, o lo que Antígona enfrentó entre la ley del tirano y la ley humana del entierro de los muertos.
Para que las obligaciones éticas se constituyan respecto al otro, se necesita tener una noción de semejante. Hay ejemplos terribles en la historia: el jefe de un campo de concentración podía sentir culpa por no pasar la Navidad con sus hijos, pero no por mandar a matar 200 niños.
Para que las obligaciones éticas se constituyan respecto al otro, se necesita tener una noción de semejante. Hay ejemplos terribles en la historia: el jefe de un campo de concentración podía sentir culpa por no pasar la Navidad con sus hijos, pero no por mandar matar 200 niños. Allí definía el concepto de semejante respecto a los propios, no a los ajenos. Una de las formas primeras de ejercer la impunidad es la invisibilización de la víctima. Por eso se enoja tanto la clase media cuando los excluidos aparecen en las calles: el deseo sería meter la basura bajo la alfombra. La tarea del Estado, de asistir a quienes están en situaciones precarias, es vivida como caridad que sale de los bolsillos de los pudientes. A la infamia de tener que asistir a seres humanos reducidos a su pura supervivencia, se agrega la infamia de considerar que eso es un acto de caridad y no una responsabilidad colectiva.
La moral se mantiene dentro de las pautas de la ley; la ética a veces tiene que transgredir las pautas que da la misma ley. ¿En qué legalidades se va a educar? ¿En las que tienen que ver con la ética universal respecto al semejante, o en las formas acomodaticias? Cuando las madres les dicen a los chicos "no robes que te echan de la escuela", hay un cambio de discurso. Antes se decía "no robes que me muero de vergüenza". Decir "no robes que te echen de la escuela" es una moral pragmática: lo que no se hace es porque no conviene, no porque "no se hace".
El "no se hace" es lo que hace a la condición humana. El padre de un paciente le contestó una vez a un niño que le preguntó "¿Por qué no me puedo casar con mamá?": "Porque yo llegué antes". Esa respuesta es "no se puede". Hay un punto que tiene que ver con la creencia en la palabra del otro. Un niño acepta que dos más dos son cuatro porque cree en quien se lo dice. Si no, no lo aceptaría nunca. Un niño que aprendía a leer, decía enojado: "¿Por qué está con 'h'? ¿Por qué está con 'c' y no con 's'?". Es así, no se puede cambiar. En la sociedad, uno puede preguntarse "¿por qué tiene que ser así?", diferenciando entre las leyes y la ética.
Cuando se nace, si se tuviera que aprender a vivir por ensayo y error, se moriría en el primer error. No se aprende así. No se les mete los dedos en los enchufes a los niños para que sepan que se mueren con la corriente; se les dice "No toques que te morís". El niño cree. No sabe bien qué es morirse, pero sabe que es perder el cariño del adulto. Una vez un niño dijo: "No, si me muero, mi mamá me mata". Esa es la lógica. O un chico arriesgándose cruzando una calle por temor a llegar tarde a la escuela: el mayor temor era la regla escolar, no había noción de preservación de la vida. Se aprende por confianza en el otro, no por ensayo y error.
La pérdida de sentido de la palabra y la inmediatez
Se vive en un país donde la palabra ha perdido sentido. La sociedad se ha vuelto una nación de semiólogos: en lugar de preguntarse qué quiere decir lo que se escucha, se pregunta por qué lo dijo el otro. Si alguien dice que fulano robó, no se pregunta si es verdad, se da por sentado que es posible y se indaga: "¿Por qué lo dice?". Esto marca una degradación de la palabra. La palabra se usó primero para encubrir: las metáforas de la dictadura y de los años ´90. El famoso concepto de "ingeniería empresarial" es el remedo de lo que fue la "ingeniería de sanidad" de los nazis, la "limpieza étnica". Acá se llama "reingeniería empresarial" al despido. Se está permanentemente en eufemismos que borran la calidad de la acción.
Veinte años después de esta conferencia, en un mundo de inteligencia artificial generativa y algoritmos que personalizan la información, la pregunta de Bleichmar resuena con fuerza: ¿qué pasa cuando la palabra ya no solo se degrada, sino que se delega en máquinas que no responden éticamente sino que optimizan estadísticamente? ¿Cómo educar en la confianza cuando el otro que habla puede no ser un semejante sino un prompt bien entrenado?
Afortunadamente, y aunque suene paradójico, a partir de las crisis se ha comenzado a preguntar cómo recuperar otra forma de vivir. Eso ha llevado a una reubicación respecto a la identidad nacional y a la cultura del trabajo. En los años 90, hablar de ciertos principios era formar parte de la "gilada". Hoy se sabe que no es así, que la privatización fue una forma de estafa brutal.
Volviendo a la cuestión de la ética y la construcción de legalidades: si la cuestión es pasar del concepto de seguridad al de impunidad, y plantear que el problema no está en cuánto límite exterior se pone sino en cómo construir una nueva cultura de la seguridad interior sobre la base de la confianza en el semejante, entonces el problema principal en la escuela no está en la puesta de límites sino en la construcción de legalidades.
El límite es exterior, no educa. Aunque a veces haya que ponerlo.
El límite es exterior, no educa. Aunque a veces haya que ponerlo. A veces las palabras no alcanzan: cuando los padres le dicen a un chico que no ponga el dedo en el enchufe, se lo dicen con un tono fuerte. Es una violencia necesaria, imprescindible: la pauta de normas. El problema es si esa pauta es un arrebato de la individualidad o una forma de socialización en el marco de la individualidad con igualdad de derechos. Si la norma es arbitraria, está definida por la autoridad. Si la norma es necesaria, está definida por una legislación que pone el centro en el derecho colectivo.
Se sabe que en una enorme cantidad de escuelas, el aprendizaje pasó a ocupar un lugar secundario porque los niños son asistidos en todo sentido por la escuela. Hubo que mantener los comedores escolares abiertos en vacaciones porque si no, los niños no comían. Hubo una época donde las maestras hacían llevar comida y cubiertos para enseñar a usarlos correctamente. En un país proyectado al futuro, se suponía que se iba a vivir mejor que los padres. Se trataba de enseñar a vivir en un mundo mejor. No se trataba solo de llenarse la panza, sino de tener modos en la mesa, que tiene que ver con la cultura.
Existe una tensión permanente entre necesidades actuales y necesidades futuras. Se ve en los grandes conflictos de Latinoamérica, como el tema de las papeleras: por un lado dañan la ecología, por otro lado crean trabajo. Los mismos sectores que quieren el trabajo son los que después se quejan de la degradación del medio ambiente. Se está en una lucha constante entre las necesidades inmediatas y la construcción de futuro.
Una enorme cantidad de chicos tienen vedado incluso el pensamiento del futuro. Las estadísticas muestran que hay muy pocos adultos que hayan sido niños de la calle. No es solo porque ahora hay más niños de la calle, sino porque hay una proporción que no sobrevive. Un libro llamado “Cuando me muera quiero que me toquen cumbia” narra la historia del Frente Vital, un adolescente que robaba pero distribuía en la villa, una suerte de Robin Hood urbano, y mantenía ciertas legalidades sobre las formas de ejercer el delito. Cuando lo mataron, los más pequeños que no se educaron junto a él tienen formas degradadas de ejercer el delito. Esto es muy significativo: cuando se ve a un adolescente, lo primero que hay que preguntarse para saber cuán rescatable puede ser para una vida social más plena es qué capacidad de enlace tiene con las normas del propio grupo. Es el amor al propio grupo lo que determina la posibilidad de transferir ese amor al resto de la humanidad.
Cuando se habla de violencia, el caso de Junior en Carmen de Patagones es un paradigma terrible. Junior no era un chico-problema en la escuela: aprendía bien, no hacía ruido, no era violento con los compañeros. Un día llegó y liquidó todo lo que pudo con un revólver. Hasta ese día estaba tranquilo, aislado, no molestaba a nadie. Por eso a nadie le llamó la atención.
Cuando se habla de violencia, el caso de Junior en Carmen de Patagones es un paradigma terrible. Junior no era un chico-problema en la escuela: aprendía bien, no hacía ruido, no era violento con los compañeros. Un día llegó y liquidó todo lo que pudo con un revólver. Hasta ese día estaba tranquilo, aislado, no molestaba a nadie. Por eso a nadie le llamó la atención.
Hay un mito que hay que terminar: la violencia no es producto de la pobreza. Sería una barbaridad decirlo así. La violencia es producto de dos cosas: por un lado, el resentimiento de las promesas incumplidas, y por otro la falta de perspectiva de futuro. ¿Por qué se cumple la ley? ¿Por qué se aceptan las normas? Porque se sabe que se pierde algo a cambio de algo que se va a ganar. Se renuncia a un goce inmediato porque se cuida la salud, porque se quiere vivir más. La vida es una permanente renuncia a goces inmediatos, siempre y cuando se pueda proyectar en el futuro. Una enorme cantidad de chicos no tienen claro cuál es su futuro, o directamente no anhelan un futuro. Viven en la inmediatez total. Por eso no aprenden: no es que no sean inteligentes, es que no creen que los conocimientos puedan servirles para enfrentar la vida. Están reducidos a la inmediatez que les ha tocado, y nadie les propone soñar un país distinto desde una palabra autorizada.
La escuela formadora de subjetividad tiene que tener en cuenta dos variables: la producción de legalidades, no la puesta de límites, y la capacidad de recuperar las preguntas que ellos mismos no pueden formular. Es indudable que se tienen muy pocas respuestas hoy. La primera tarea va a ser reconocer que se está frente a formas de subjetividad que no se ajustan a las del pasado. Hay que rescatar algunas cosas del pasado y otras no. Por ejemplo, no se rescataría el carácter militarizado, las normas que no tenían que ver con la convivencia sino con un país autoritario. Pero al mismo tiempo, en esa escuela hubo una enorme vocación de aprender y de superar el presente para construir un futuro.
La confianza como base del aprendizaje
Las normas son intrínsecas a la constitución psíquica. La primera norma que un sujeto acata es el control de esfínteres. Cuando los niños pequeños aceptan el control, lo aceptan como una forma de mostrar amor hacia el otro. No es que le "regalan" la caca a la madre. Lo que el niño regala es la renuncia a la excreción por amor. Esta inscripción de la norma va marcando una renuncia en el interior de la cultura.
En el Deuteronomio hay leyes sanitarias extraordinarias. Dice que hay que llevar siempre una vara para hacer un hoyo y tapar los excrementos fuera del campamento. Cuando se ve a esos viejitos en la Biblia con varitas, no son sabios que se mueven con bastones, son guerreros que llevan su vara para no dejar al aire sus excrementos. ¿De qué se está hablando? Del respeto al otro. El problema en la construcción de legalidades pasa por ahí: por la posibilidad de construir un respeto al otro y definir el universo del semejante.
Cuando un niño renuncia a ciertas cosas, renuncia porque no quiere perder el amor, pero también porque no quiere producir sufrimiento en el otro. Una escena conmovedora: una niña de tres años no pudo dormir en toda la noche pensando que su mejor amiga iba a extrañar la muñeca que había olvidado en su casa. Allí hay un sujeto ético. Alguien capaz de sentir que el otro está sufriendo, empatizar con su sufrimiento y sentirlo como responsabilidad propia.
La crueldad como indiferencia
La crueldad no es solamente el ejercicio malvado sobre el otro. La indiferencia ante el sufrimiento del otro es también una forma de inmoralidad y de crueldad.
La crueldad no es solamente el ejercicio malvado sobre el otro. La indiferencia ante el sufrimiento del otro es también una forma de inmoralidad y de crueldad. Sobre estos principios es que se tiene que educar si se quiere recomponer un país. No desde una propuesta idealista de "hagamos todos un pacto de llevarnos bien", sino entendiendo los nexos profundos entre una cultura que durante años propuso el "no te metas" mientras asesinaban al semejante, y otra que se continuó en el "sálvese quien pueda" a costa de lo que fuera. Un individualismo convertido en principio de vida y en una forma de picardía que se volvió modelo de ejercicio social.
Silvia Bleichmar (1944-2007): Psicoanalista y ensayista argentina. "La construcción de legalidades como principio educativo" fue una conferencia pronunciada por Silvia Bleichmar en las Jornadas 10 años de El Campo Psi, Rosario, Argentina, en el año 2006.