28/02/2026
IA: Interpelar la inteligencia humana
Una reflexión profunda sobre cómo la inteligencia artificial generativa pone en jaque la autoridad docente y nos obliga a repensar la honestidad intelectual y la subjetividad en la cultura digital.
Por: Educatopía
Miriam Kap es Doctora en Educación, Magíster en Ciencias Sociales, docente e investigadora de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP). Especialista en Tecnología Educativa, su trabajo se centra en las pedagogías emergentes y las narrativas transmedia. Es una de las voces que está pensando la relación entre el sujeto, la cultura digital y el conocimiento. Autora de libros clave como "Didáctica Transmedia" y "Experiencias Indisciplinadas", Kap propone una educación que recupere la pasión, el juego y la creación colectiva frente al avance de los algoritmos.
— ¿Cómo está reconfigurando la Inteligencia Artificial Generativa tanto las prácticas docentes como los procesos de aprendizaje?
— En primer lugar, es necesario establecer una distinción conceptual entre inteligencia artificial e inteligencia artificial generativa. No se trata simplemente de una gradación técnica, sino de un desplazamiento epistemológico que interpela nuestras propias concepciones sobre qué entendemos por inteligencia y bajo qué condiciones la reconocemos como tal. Cuando llevamos esta discusión al terreno de la didáctica y de las concepciones pedagógicas, la pregunta se vuelve todavía más incisiva: ¿la inteligencia es una propiedad exclusivamente humana, interior y estable, o es el resultado de entramados relacionales, históricos y situados? Si asumimos que la inteligencia —entendida como capacidad de resolver problemas, crear, imaginar, establecer relaciones— no es un atributo puramente genético ni una sustancia fija, sino una potencia que se despliega en interacción con entornos, lenguajes, vínculos y mediaciones culturales, entonces incluso aquello que llamamos “inteligencia natural” está siempre mediado, configurado y expandido por artificios. En ese sentido, la oposición tajante entre lo natural y lo artificial se vuelve problemática. Toda inteligencia humana ha sido históricamente aumentada por dispositivos simbólicos, técnicos y culturales: la escritura, los sistemas numéricos, los libros, las computadoras. Lo que hoy denominamos Inteligencia Artificial no introduce por primera vez la artificialidad en la inteligencia, sino que radicaliza y visibiliza esa condición mediada. Ahora bien, la Inteligencia Artificial Generativa supone un umbral adicional. A diferencia de otros sistemas tecnológicos que almacenan, clasifican o recuperan información, los modelos generativos operan mediante arquitecturas algorítmicas entrenadas con grandes volúmenes de datos que les permiten producir respuestas inéditas —textos, imágenes, códigos— que no son simples copias, sino recombinaciones probabilísticas originales dentro de un espacio de posibilidades. De allí su carácter “generativo”. Lo que está en juego, entonces, no es solo una herramienta más sofisticada, sino la constitución de un entorno tecnológico capaz de participar activamente en procesos de producción simbólica. Esto tensiona nuestras nociones de autoría, creatividad, conocimiento y enseñanza, y nos obliga a repensar la inteligencia no como una esencia humana aislada, sino como un fenómeno relacional que emerge en ensamblajes entre sujetos, culturas y tecnologías.
"Como docentes, como pedagogos o como didactas empezamos a comprender que es una presencia que no podemos ni debemos eludir porque entendemos que la Inteligencia Artificial Generativa, como cualquier otra tecnología a lo largo de la historia, impacta, incide y atraviesa nuestras subjetividades."
Hoy la Inteligencia Artificial Generativa está interrogando el lugar de las instituciones como las conocíamos y la forma en la que los estudiantes acceden al conocimiento. Como docentes, como pedagogos o como didactas empezamos a comprender que es una presencia que no podemos ni debemos eludir porque entendemos que la Inteligencia Artificial Generativa, como cualquier otra tecnología a lo largo de la historia, impacta, incide y atraviesa nuestras subjetividades. Por lo tanto, cualquier práctica que nosotros llevamos adelante está mediada por alguna tecnología.
Si dejáramos estas cuestiones afuera, estaríamos dejando afuera también la manera de conocer de nuestros estudiantes y nuestra propia manera de habitar el mundo. Por supuesto que hay algunas cuestiones que se ponen en jaque y que se empiezan a cuestionar. Fundamentalmente en la educación tradicional, la relación entre autoridad y saber, autoridad y poder, la integridad académica, el sesgo y la calidad sobre los modelos que nuestros estudiantes están trabajando, la privacidad y la seguridad. Podríamos pensar que la fuerte reconfiguración sobre nuestras prácticas está vinculada a cualquier tecnología y no solo a la Inteligencia Artificial Generativa. Esto me parece que es clave porque hoy es la Inteligencia Artificial Generativa y dentro de diez años va a ser otra tecnología más inmersiva, más transformadora de las subjetividades, más presente en nuestra vida cotidiana. Entonces pensemos que nuestro rol y la reconfiguración de nuestras prácticas docentes y de los procesos de aprendizaje, lo que tienen que tener como horizonte principal es una reflexión sobre nuestras prácticas de enseñanza.
— ¿De qué se tratan estas reconfiguraciones que mencionas?
— La primera reconfiguración es cómo reflexionamos sobre nuestras prácticas de enseñanza. Hoy el conocimiento ya no fluye de un docente a un alumno de manera transmisiva y lineal, y en esto hay una fuerte presencia de estas inteligencias. El conocimiento en verdad se co-construye a través de mediaciones no sólo con el docente sino también con las tecnologías, entonces estas tecnologías pasan a ser un actor más que materializa la posibilidad de una buena práctica de enseñanza y también, la oportunidad de aprender de nuestros y nuestras estudiantes con todas las pequeñas o grandes objeciones que se le pueda estar haciendo hoy. “Los estudiantes se copian” dicen, bueno, se copian porque las evaluaciones están mal diseñadas. Hay algunos conceptos que empiezan a interpelarnos fuertemente en las tradiciones didácticas, en esta tradición que venía a representar una secuencia clásica, la explicación, la aplicación y la verificación. Edith Litwin, en los años ´90, dijo: lo que está sucediendo ahora es que solamente nosotros explicamos, los chicos aplican y después verificamos que ellos hayan estudiado. Hoy las nuevas tecnologías cada vez más versátiles, cada vez más ubicuas y la Inteligencia Artificial Generativa en particular, nos impugna esta dimensión de enseñanza lineal tradicional y jerárquica. Yo creo que lo que hay, y sobre eso vengo investigando y escribiendo, es una fuerte des-jerarquización de los roles docentes para hacerlos más horizontales. Esto no quiere decir que el docente no tenga un saber que no pueda aportar, pero este docente o esta docente lo que tiene que hacer es percibir que debe abrir un diálogo y este diálogo ya no es sólo con el conocimiento cristalizado, sino también con la Inteligencia Artificial Generativa, con los estudiantes, con este fin de co-construir el conocimiento.
— ¿Cuáles son los principales retos éticos y sociales? ¿Por qué crees que la IA hace tanto ruido en el aula?
— Yo creo que el principal problema es que los docentes y las instituciones tienen que redefinir su rol, porque la Inteligencia Artificial Generativa está visibilizando la capacidad de agencia de nuestros estudiantes. Esta capacidad de agencia, es decir de apropiación de recursos, es una herida narcisista para muchos docentes porque deben reconocer que hay un no saber desde el punto de vista de lo que se imaginaba como la completud del conocimiento. Comenio en el siglo XVII decía que la didáctica es un artificio para enseñarle todo a todos. Esa idea que surge durante la Modernidad y llega hasta nuestros días está completamente impugnada desde cualquier ángulo. Sin embargo, aún existe esa fantasía en algunos y algunas docentes de que pueden enseñar todo y que deben saber todo, y que el saber docente debe ser un saber completo. Entonces la Inteligencia Artificial Generativa viene a generar en el mejor de los casos un interrogante y en el peor de los casos una resistencia.
"No hay, aún, una Inteligencia Artificial Generativa que pueda brindar, por ejemplo, la dimensión de lo situado, de lo territorial, del contexto, los diálogos entre disciplinas. No digo que no vaya a existir, digo que ahí está anclada nuestra inteligencia, nuestra humanidad, nuestra sensibilidad, nuestras emociones y nuestra honestidad intelectual."
Por más que no quiera y zapatee caprichosamente, ese recurso está, porque está atravesando la subjetividad de nuestros estudiantes y, aunque los propios docentes y las propias docentes no lo reconozcan, también está atravesando su propia subjetividad. Cuando un docente está trabajando con un celular porque le está mandando un mensaje a un familiar y el celular con su predictivo anticipa una posible palabra, ahí hay Inteligencia Artificial, después veremos si es generativa o no es generativa, pero está usando Inteligencia Artificial. Cuando ese mismo docente se tiene que trasladar de una ciudad a otra que no conoce para ir a dar clases para estar con un grupo de chicos en una zona rural y utiliza un GPS, está utilizando Inteligencia Artificial y muchas veces, en este contexto, estamos delegando habilidades cognitivas a esta Inteligencia Artificial, los mismos adultos que se resisten a incorporarla dentro del aula. Y ahí me parece que está la gran clave. Me parece indispensable empezar a dar cuenta que en realidad la tecnología no va por un lado distinto de la construcción de las subjetividades y que las materialidades que nosotros habitamos, son materialidades que además construimos y que estas tecnologías también las terminamos construyendo y habitando en nosotros.
— Es una dicotomía muy grande a la que nos enfrentamos los docentes, porque muchas veces tomamos la Inteligencia Artificial como algo totalmente nuevo y disruptivo, y desconocemos que nos acompañan desde hace tiempo. ¿Y con respecto a la ética, a la hora de usarla en el aula?
— Respecto a las cuestiones éticas, siempre son muy difíciles. Yo me voy a acotar solamente a las cuestiones de la enseñanza o del aprendizaje porque hay mucho para hablar sobre la ética en la Inteligencia Artificial Generativa y cuestiones también controvertidas, porque: ¿hay que regularla o no?, ¿quién regula? Es controvertido respecto de las tecnologías en general y de los usos de los datos que se hace hoy. En la educación en particular, yo creo que el riesgo ético es el mismo que teníamos antes, cuando nuestros estudiantes se copiaban haciéndose un machete, cuando bajaban sus monografías de (no sé si todavía existe) El rincón del vago. En otra época le echaban la culpa a Wikipedia y sin embargo, hoy Wikipedia puede ser citada en una tesis. De la misma manera vamos a poder hacer con la Inteligencia Artificial Generativa en tanto nosotros formemos a los docentes y a los estudiantes en la honestidad intelectual. Acá hay una clave relevante. Cuando trabajo con mis estudiantes en la materia que doy en la universidad, o cuando trabajo con el grupo que dirijo de investigación, nosotros no eludimos las búsquedas con Chat GPT, Perplexity o Google Cloud donde consultamos y comparamos las respuestas. Y luego, nuestros informes de investigación o los informes que les pedimos a los jóvenes y a las jóvenes que hagan de sus tareas también les pedimos que digan a qué Inteligencia Artificial consultaron y cuál fue el prompt que utilizaron, es decir, cuál fue la consulta que utilizaron para poder producir ese conocimiento.
"Me parece indispensable empezar a dar cuenta que en realidad la tecnología no va por un lado distinto de la construcción de las subjetividades y que las materialidades que nosotros habitamos, son materialidades que además construimos y que estas tecnologías también las terminamos construyendo y habitando en nosotros."
Si nosotros podemos poner sobre la mesa la posibilidad del uso, la honestidad intelectual aparece. No hace falta mentir al docente y decir “No, no lo usé”, hace falta decir “Sí, lo usé, y lo que le pregunté fue esto y lo pude comparar con esto otro”. La estrategia de esa docente o de ese docente es decirle al estudiante “Muy bien, ¿y ahora qué hacemos con esto? Armemos algo distinto, armemos un debate, generemos una exposición oral, preguntemos a otros autores, comparemos con lo que están diciendo los libros, entremos a las redes, a las plataformas, a los dispositivos, para dialogar con los autores que están hoy tuiteando, etc”. Todo esto hace que la dimensión del fraude no exista o se minimice porque en realidad se transparenta el proceso cognitivo, pero también el proceso práctico. No hay, aún, una Inteligencia Artificial Generativa que pueda brindar, por ejemplo, la dimensión de lo situado, de lo territorial, del contexto, los diálogos entre disciplinas. No digo que no vaya a existir, digo que ahí está anclada nuestra inteligencia, nuestra humanidad, nuestra sensibilidad, nuestras emociones y nuestra honestidad intelectual.
— ¿Cómo define la didáctica transmedia? ¿Cuáles son sus principales diferencias respecto a los enfoques didácticos tradicionales?
— Es una didáctica que se concibe en un acto de creación en múltiples planos, plataformas y dispositivos tecnológicos, donde el docente y el estudiante co-construyen conocimientos de manera colaborativa. El conocimiento no termina en una clase, se expande fuera de las aulas. Se trata de romper las fronteras de “la cuarta pared”. Es una reflexión sobre las prácticas de enseñanza que involucra la dimensión tecnológica, la necesidad de concebir el conocimiento que se construye y se co-construye, no solo en el aula, sino en las redes, en las plataformas y en los dispositivos y que hackea e interviene en el conocimiento académico tradicional. Viene a cuestionar de manera indisciplinada al conocimiento tradicional y se sale de manera activa a buscar nuevos vínculos. La idea de una didáctica transmedia es una didáctica que involucra por supuesto nuevos discursos, involucrando lo multimedial, audiovisual, sonoro… Se trata de reflexionar sobre la posibilidad de enseñar y de aprender de otros modos y de expandir el conocimiento. Tiene algo rizomático, porque sabemos dónde empieza, pero nunca podemos saber exactamente dónde termina. Porque se van abriendo nodos, se van desplegando el conocimiento y las preguntas. Y nosotros tenemos que abrir la mayor cantidad de puertas posibles y nodos posibles porque el conocimiento es eso, y no un contenido. Lo que nosotros le enseñamos a nuestros estudiantes son redes de conocimientos, modos de ver el mundo, modos de razonar sobre el mundo, modos de resolver problemas, no le enseñamos un contenido. Quiero resaltar que implica un proceso de reflexión sobre la práctica de enseñanza porque toda práctica de enseñanza tiene como horizonte que nuestros estudiantes y nosotros mismos aprendamos en este proceso. Si no, sería volver a la vieja tradición de negarle a un estudiante explicar nuevamente un contenido porque ya se explicó la semana pasada. Cuando un estudiante re-pregunta, en realidad está diciendo “Me estoy interesando mucho por lo que estás diciendo y no lo llegué a comprender. Me gustaría que me lo expliques de otra manera”.
Otra dimensión muy importante respecto de la didáctica transmedia es la dimensión del tiempo. El tiempo se ve hackeado. Ya no es el tiempo de las horas-aula, es un tiempo que va a ser mucho más fluido, el tiempo de la creación y de la co-creación. En esta didáctica transmedia e indisciplinada, la planificación ya no como la secuencia de objetivo-contenido-actividad-evaluación, sino como el diseño de una experiencia de enseñanza y una experiencia de aprendizaje
— Para que quede claro, en una didáctica transmedia, ¿la situación de aprendizaje ocurre todo el tiempo? ¿Sabemos cuándo empieza pero no cuándo termina?
— Nunca sabemos qué, ni muchísimo menos cuánto aprendió un estudiante, no lo vamos a poder saber jamás y mucho menos en el breve plazo que nosotros tenemos junto con el estudiante. Sí tenemos que garantizar, y esto es importante también, que tenga algunas habilidades críticas que le permita seguir construyendo conocimiento. Si yo estoy cumpliendo una tarea docente, no me puedo desentender de generar un andamio cognitivo y conceptual para que ese estudiante pueda seguir construyendo conocimiento. Y ahora dicho esto, en eso soy enfática, no podemos eludir nuestra responsabilidad epistemológica y ética de estar enseñando, aunque luego sea un espacio de co-construcción. Pero nosotros tenemos algo para enseñar aunque lo hagamos más horizontal, aunque des-jerarquicemos nuestro rol, aunque invitemos a los estudiantes a crear y co-crear. ¿Cómo diseñamos prácticas que sean mucho más significativas para nuestros estudiantes? Que no sean la mera aplicación de un conocimiento, sino que pueda tener un uso activo inter y transdisciplinario, que nuestros estudiantes reconozcan la significatividad de eso en primer lugar, y te hablo desde el nivel inicial hasta los postdoctorados. La didáctica transmedia también habla del diseño de enseñanza. Tenemos que hacer lo posible para generar una experiencia significativa para el estudiante y que él estudiante perciba y sepa que aprendió, y que hay una modificación del lugar subjetivo en donde se encuentra hoy respecto de aquel en el que estaba cuando entró a esta situación de enseñanza y de aprendizaje. Me parece es muy importante resaltarlo porque si no parece que los chicos y las chicas tienen que hacerlo solos y no.
— ¿Cómo pueden los educadores equilibrar la adopción de innovaciones tecnológicas con una pedagogía que promueve el pensamiento crítico y la inclusión?
— Yo creo que nuestro anhelo como docentes no tiene que ser el buscar un equilibrio, tiene que ser buscar una capacidad de agencia colectiva, tiene que ser pensar la innovación desde una perspectiva crítica. Asumir un posicionamiento político respecto de la enseñanza, un posicionamiento ideológico, emancipador. Abrir las puertas para que la actividad de enseñar y de aprender, y la innovación sea una presencia que tenga como horizonte el pensamiento crítico, la posibilidad de seguir construyendo conocimiento, que implique mayor accesibilidad, mayor inclusión. La innovación en sí misma, es una fantasía. Tenemos que corrernos de las modas, tenemos que pensar en cambiar, en romper, en cuestionar el status quo. Hay que empezar a humanizar éstas prácticas de enseñanza, entender que somos ciudadanos digitales. Creo que, algo clave, es considerar a la enseñanza como un acto fuertemente político, ideológico, idiosincrático y que nuestra obligación, o por lo menos mi perspectiva de la enseñanza, es que nosotros tenemos que generar los espacios de experiencia democráticos para que nuestros y nuestras estudiantes vean el mundo de una manera distinta a la que la vimos nosotros, de una manera en que tiendan puentes de solidaridad y no de egoísmo, en que el conocimiento sea una oportunidad de cambiar las injusticias. Yo creo que esas son las claves.
— ¿Y a qué desafíos se enfrentan?
— El desafío es ser reflexivo sobre nuestras propias prácticas. Esto implica corrernos del prohibicionismo digital, entender que las tecnologías ya están incorporadas. El desafío es dar cuenta de la capacidad de agencia que tenemos los seres humanos respecto de estas tecnologías. No somos sujetos pasivos que vienen las tecnologías a moldear nuestro cerebro, porque si no seríamos todas personas absolutamente moldeables, y ni nosotros ni nuestros estudiantes somos vasijas vacías, ni sujetos absolutamente pasivos que recibimos todo. Entonces acá el gran desafío es entender que tenemos capacidad de agencia y que tenemos que generar estos nuevos agenciamientos.
— ¿Cómo crees que deberían evolucionar las estrategias de formación y evaluación para garantizar la autenticidad y profundidad del aprendizaje de los estudiantes?
— Nuestras prácticas de enseñanza tienen que ser más horizontales, aunque nosotros tenemos un conocimiento para compartir; tienen que ser más expandidas en redes, plataformas y dispositivos sin tenerle miedo; tienen que estar asumiendo la capacidad de agencia respecto de las tecnologías y acá viene la pregunta clave: ¿Cómo tienen que ser nuestras evaluaciones? Tienen que ser creativas, incluir estas tecnologías de manera evidente y explícita, invitar a trabajar colaborativamente y dejar de ser individuales. Se terminó el tiempo de sentarme dos horas solo o sola, a escribir y taparme para que nadie se copie. Ahora la idea es generar espacios para charlar mientras estamos haciendo el proceso de evaluación. Generemos instancias de reflexión individuales para charlar, para ver si vamos enriqueciendo el aprendizaje; actividades no tradicionales donde pueda ir construyendo de manera formativa, una evaluación a partir de muchas acciones, actividades y propuestas. Un examen es una foto, veamos la película. Evaluar es eso, reconocer la película. Debemos evaluar el pensamiento, la comprensión, los modos de mirar el mundo. Y también, y fundamentalmente, nos estamos evaluando a nosotros mismos como docentes. Si nuestros estudiantes no lograron hacer uso activo de ese conocimiento que yo creí tan evidente que deberían saber es porque, como docente, hubo un proceso que yo no hice. Tengo que reflexionar sobre esa práctica de enseñanza o sobre esa propuesta de enseñanza que no llegó a consolidar aquello que yo tenía como horizonte.
— ¿Cómo visualizas vos la evolución de la educación en los próximos años con relación a la presencia de Inteligencia Artificial?
— La Inteligencia Artificial Generativa se convirtió hoy en un tema central en los debates didácticos contemporáneos. Yo lo que creo es que va a estar cada vez más presente en las aulas desde muchos lugares y cada vez más interesantes. Van a aparecer simuladores de realidad virtual, vamos a poder interactuar con objetos aunque no los tengamos materialmente. Yo creo que esto es un no retorno, así como hubo un no retorno de la escritura, de la computadora y de la tele. Este es un momento de no retorno. Y yo creo que los diseños didácticos van a tener que estar más atravesados por esta presencia de las Inteligencias Artificiales Generativas que van a ser cada vez más diversas y más imposibles de regular o de conocer por un docente en solitario. Va a ser cada vez más necesario que los docentes trabajemos de manera colectiva, porque el colectivo se transforma en una condición de posibilidad de entender todas estas transformaciones tan veloces, pero que están habitando las aulas. Yo creo que en el futuro estas tecnologías van a estar presentes y cada vez más complejas, sofisticadas, con algoritmos más parecidos a lo humano, con respuestas cada vez más similares a lo que podría responder un humano. Y ahí está la clave, el gran desafío es dónde encontramos o cómo recuperamos nuestra humanidad. Yo creo que en este futuro, que no es muy lejano, nuestra afectividad, nuestra humanidad así como nuestras pasiones se tienen que hacer visibles y se tienen que poner a jugar.
El gran desafío ahora es: ¿Cómo hacer para que todas estas tecnologías lleguen a todos y todas? ¿Cómo hacemos para que este avance de las tecnologías no sean patrimonio de la clase dominante? Hoy mismo tenemos grandes diferencias entre lugares con conectividad y lugares sin conectividad, imagínate qué puede pasar de acá veinte años cuando efectivamente todos estos recursos tecnológicos habiten algunas aulas. El gran desafío es cómo no seguir generando mecanismos de exclusión. Es un desafío ético, político y económico porque la tecnología no va a frenar, va a estar en las aulas cada vez con más posibilidades de aprender, de enseñar, de crear y de tender puentes. Algunos dicen que entre las implicaciones puede haber un sedentarismo cognitivo, pero lo que creo que va a pasar es que nosotros podemos delegar en estas tecnologías las cosas más rutinarias, más administrativas. Entonces va a haber un estímulo cognitivo que va a obligarnos a pensar creativamente. El gran desafío es que esto no genere exclusiones, que no haya mayores brechas de calajes económicos, de capital cultural como diría Bourdieu y no es solo un desafío pedagógico. La pedagogía y la didáctica lo tiene que mirar y lo tiene que denunciar, pero no sé si nosotros podemos cambiar algo de esto. Lo que sí tenemos que hacer es incluir y después pulsar para que el estado y la política se hagan cargo de que esto debe ser para todos y todas.
— ¿Vos crees que el estado debería hacerse cargo de la regulación en establecimientos educativos? ¿Debería incorporarlo como una política de estado?
— El estado tiene un rol fundamental. Es importante decirlo a priori, para mí debería haber un Ministerio de Educación. El estado no puede eludir su presencia bajo ningún concepto. Ahora, yo no creo que deba ser sensor, sino que debe acompañar procesos de formación docente para que estos docentes lleguen a las aulas con un posicionamiento crítico respecto del uso de estas tecnologías. Y que también reciban formación de manera continua, para que conozcan las potencialidades que tienen estas tecnologías, los sesgos que pueden perpetuar, las diferencias que pueden perpetuar en caso que las naturalicemos. Entonces el estado sí, pero no para prohibir, sí para acompañar, para promover reflexión, para dar mayores recursos a los docentes para que sepan que tienen a disposición. Debe aparecer como garante de la igualdad.
— ¿Cómo evalúas la formación docente respecto al uso de la Inteligencia Artificial hoy?
— Lo primero es que esta formación docente no tiene que limitarse al manejo técnico de la herramienta, por supuesto que no se puede desconocer, pero se tiene que expandir hacia una comprensión más profunda, significativa y política. La velocidad del desarrollo tecnológico supera hoy nuestra capacidad para investigar cuáles son los efectos que puede tener de acá a diez años. Hay un vacío de conocimiento. ¿Por qué no invitamos a los docentes en formación a que investiguen sobre esto? ¿Por qué tenemos que ir los investigadores por un lado y los docentes por el otro? Y por otro lado, empezar a generar mayores espacios formativos que puedan conjugar la experimentación práctica con una reflexión teórica. Lo que suele pasar es que la formación docente es bastante instrumental, hay un método. Corramonos de ese método, empecemos a pensar en una experimentación práctica con una reflexión teórica, empecemos a fundar, fomentar y estimular comunidades de aprendizaje entre docentes en formación para poder construir colaborativamente saberes en relación a la Inteligencia Artificial y la educación por ejemplo. Investigar es parte de la formación profesional y yo creo que esta perspectiva implica también la idea de un docente transformador de una realidad.
Cuando nosotros vemos la oferta de libros: “Tips para educadores para enseñar mejor utilizando Inteligencia artificial generativa” lo que se recupera es la cuestión instrumental, la vieja didáctica. Yo estoy abogando por una perspectiva más crítica, analítica, simbólica y filosófica, donde el lugar del conocimiento sea horizontal. Los docentes deben convertirse en investigadores, deben hacer visibles sus voces y dar lugar a estas construcciones de conocimiento. Me parece fundamental hoy que los docentes y las docentes ocupen su lugar, es decir, tomen la bandera del lugar relevante que ocupamos en la sociedad. Hay un texto de Paulo Freire que se llama “Cartas a quien pretende enseñar”, Nosotros en una época decíamos que la maestra es la segunda mamá y Paulo Freire en “Cartas para quien pretende enseñar” va a decir que en Brasil en lugar de mamá le dicen tía, pero aclara que no son tías, son maestras, porque una tía, o una mamá, no hace huelga. Pero una profesora sí hace huelga, hay que recuperar esta dimensión política de nuestro rol. Los docentes no somos curadores de contenidos, los docentes somos creadores de contenidos. Dialogamos con nuestros estudiantes, con los problemas que nos trae, estamos encontrando que eso que propusimos no funcionaba entonces estamos tomando un camino alternativo y por lo tanto, definitivamente, estamos creando conocimiento original. Nosotros estamos formando en la escuela secundaria a los chicos y a las chicas que van a formar nuevos horizontes. Tenemos que abrir mundos. Volvemos a Jackson en 1968 y el currículum oculto. Nosotros enseñamos mucho más que un contenido, enseñamos a esperar, a vivir en democracia, a reconocer acontecimientos, la diversidad, el diálogo entre uno y otro, a discutir con respeto; todo eso enseñamos y más. En todos los niveles, desde el nivel maternal, aunque te parezcan muy chiquititos. Estamos performando realidades, por eso la tecnología no es una herramienta, es un discurso.
— ¿Qué le dirías a esos docentes que hoy son resistentes al uso de la Inteligencia Artificial en el aula?
— Primero voy a decir que cualquier cosa que yo le diga a un docente resistente no sé si va a tener alguna permeabilidad. Yo les diría que jueguen un rato. Ensayen como desafío, anímense a equivocarse y a jugar, intenten ver qué pasa. No hagan el diseño de todo el año, empiecen por algo chiquitito. Usen la Inteligencia artificial generativa para jugar construyendo una imagen o haciéndole una pregunta fácil de resolver. Lo que fuimos perdiendo los docentes con esta cosa de la formalidad de la profesión, es la capacidad de jugar, la capacidad de tomar riesgos. Y nos convertimos en autómatas, que siempre decimos la misma clase, finalmente somos aquello que cuestionamos. Que miren sus usos cotidianos, que miren en qué usa la Inteligencia Artificial cotidianamente. Que jueguen, que se animen.