24/01/2026
PLATAFORMIZACIÓN TECNOLOGÍA Y EDUCACIÓN
Entrevista a Mariano Caputo sobre las plataformas y el nuevo entramado social.
Por: Educatopía
Mariano Caputo se desempeña como becario doctoral de la UBA. Sus trabajos estudian la plataformización de la vida social. Es licenciado y profesor en Ciencias de la Comunicación por la misma casa de estudios y trabaja como docente en escuelas de nivel medio de CABA.
¿Cuál es desde tu perspectiva el impacto más significativo de la irrupción de la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías en el ámbito escolar?
Me parece que primero podemos diferenciar la inteligencia artificial en particular de las nuevas tecnologías en general. Empiezo por la Inteligencia Artificial. Entiendo que el uso más generalizado y habitual que tenemos en las escuelas es la utilización del chat GPT. Y en ese marco, creo que el impacto más significativo tiene que ver con una transformación en el orden del lenguaje. La inteligencia generativa, la producción automatizada de textos que se adaptan a las instrucciones del usuario, pone de manifiesto un lenguaje informacional que empieza a inmiscuirse en las prácticas escolares y también en la propia manera con que los adolescentes empiezan a construir sus propios escritos. La gran diferencia con Google es que Google no producía textos. Acá directamente tenés una máquina que obedece instrucciones y crea textos. Me parece que el gran desafío es esto: hay una relación con el lenguaje que es diferente, los propios pibes incorporan un lenguaje automático a sus producciones escritas y ahí hay algo del trabajo más artesanal con la palabra que se pierde, se difumina. Y el gran desafío está ahí. El foco está en esta transformación más estructural que tiene que ver con una mutación en el orden del lenguaje y las prácticas de escritura.
¿Cómo ves el fenómeno de los cursos y formaciones sobre inteligencia artificial y nuevas tecnologías en la formación profesional de los docentes?
Me parece que es necesario, pero no con fines instrumentales preponderantes. No podemos entender las plataformas sin encuadrarlas en un modelo económico que encuentra en la alianza entre el capital financiero y el capital informático su máxima expresión, lo mismo ocurre con la Inteligencia Artificial. Hay una disputa geopolítica por cuál desarrollo de IA llega primero y tiene más pregnancia en la vida cotidiana a escala global. La Inteligencia Artificial no es una simple herramienta. Hay una apuesta que se articula con la plataformización. En el marco de los cursos de formación docente, se necesitan varias cosas: un primer plano de detección de formas automatizadas de resolver tareas, una guía práctica para docentes que les permita identificar cuándo un alumno está utilizando IA, porque los docentes no tenemos por qué tener conocimiento experto de estas tecnologías. También hay una cuestión generacional: cuanto más grande es un docente, más problemas va a tener para lidiar con esto.
“El gran desafío es que hay una relación con el lenguaje que es diferente; los propios pibes incorporan un lenguaje automático a sus producciones escritas.”
Segundo, alimentar una perspectiva crítica, para que la relación con estas plataformas no quede en lo instrumental y se pueda entender que hay una transformación en el orden del lenguaje y del trabajo con el conocimiento, que contribuye a cierto aplanamiento de lo disciplinario y al debilitamiento de las fronteras entre lo verdadero y lo falso. Esto produce efectos subjetivos que se articulan con transformaciones culturales y económicas de más largo alcance. Cualquier abordaje debería contemplar una formación crítica. Por un lado guía práctica, por el otro formación crítica y, tercero, que en esos cursos se puedan construir formas de utilización de la IA que sean legítimas. Pero para mí eso es el paso final. La cosa no puede empezar por "cómo podemos usar esto para motivar". Partamos primero de otras preguntas que impliquen discutir las reglas de juego.
¿Pensás que las propuestas de formación docente tienen en cuenta el impacto que esto puede tener?
Creo que todo es muy reciente como para que haya investigaciones que dimensionen la multiplicidad de aristas de estos fenómenos. En ese marco, lo que me preocupa es que se salgan a ofrecer cursos que partan de la evidencia de que esto es una herramienta que ya llegó, que está buena y que tiene usos que pueden despertar la creatividad. A mí esas premisas me parecen equivocadas. Por lo reciente y la magnitud de las transformaciones, la cuestión más decisiva está en las premisas desde las que se parte para darles conocimientos y estrategias a los docentes.
¿Qué implica la plataformización de la vida social y cómo podemos ver ese fenómeno en la escuela?
Cuando hablo de plataformización de la vida social, me refiero a un proceso dominante, en curso, que implica transformaciones en distintos ámbitos de la vida. No son solamente las redes sociales; con ese concepto englobamos desde Rappi a Classroom, desde Change.org a Uber, las plataformas de streaming, Spotify, Tinder. Ese proceso incide en la relación de los sujetos con el mundo, en las maneras en que se conoce y se concibe el mundo, por el principio de la personalización algorítmica: cómo las plataformas adaptan permanentemente lo que vemos a nuestras interacciones, a lo que ya creemos y pensamos. Ese principio se inmiscuye en funciones que antes descansaban en otras instituciones, como el periodismo, la escuela o la política.
En educación, el impacto mayor está en las prácticas que traen las nuevas generaciones a la escuela. Si antes los pibes se informaban en la tele o en el diario, algo de ese terreno informativo se ha desplazado a las plataformas y redes sociales, lo que pone en crisis la intermediación periodística. Lo que vemos viene siempre ya personalizado. Entonces, hay algo de la experiencia común, de la pluralidad, que adquiere condiciones más dificultosas, más útiles a la acentuación de la polarización. Este funcionamiento algorítmico perfilizado no incide solamente en lo informativo, sino en las tramas vinculares de los pibes. La interacción cotidiana se desplaza hacia reglas de juego algorítmicas. Hablar de plataformización implica hablar de un cambio en la regulación de la vida en común. Las plataformas son eficaces en capturar el tiempo de vida cada vez más. El problema es que afectan a la sociedad en su conjunto. Aunque no estemos ahí, los efectos se sienten.
¿Qué recomendaciones prácticas darías a las instituciones para implementar estas tecnologías de manera responsable y segura?
Y la verdad es un "quilombo". Me gustaría enfatizar en que cada institución escolar no tiene la respuesta de manera aislada. La magnitud de la transformación es tan grande que las respuestas limitadas a una sola institución van a tener siempre dificultades. Tenés una arista que es la de la cibervigilancia, la privacidad de los datos. Hay escuelas que compran el paquete de Google y utilizan Classroom. Esa información está en Google, y está en Estados Unidos. La escuela no tiene mucho más que hacer que participar de la tendencia general.
Me parece que el desafío más grande está en cómo relacionarse con lo que los propios pibes hacen con estas cosas. Es tal la naturalidad de los pibes para vincularse, buscar información o producir textos, que el desafío más grande está en desnaturalizar y desmontar los mecanismos de lo digital para producir un extrañamiento, una toma de distancia del pibe con respecto a esa naturalidad. Los desafíos son más de política pública educativa que de las instituciones. Hay discusiones muy serias para dar, que tienen que ver con cómo se regula desde los ministerios la relación con el celular, las plataformas, la IA. Dejar a las escuelas solas ante esto acentúa la disgregación del sistema.
La respuesta no puede ser que las familias se autorregulen o que nos indignemos con las apuestas online. No se trata de amortiguar los efectos, sino de transformar las reglas de juego. La acción política del futuro está en el enfrentamiento estado-plataformas.
Hay que pensar qué tomamos como válido en cuanto a uso del celular en el aula. ¿Qué vamos a aceptar de las tramas vinculares en plataformas? ¿Cuándo consideramos que hay daño? Si yo tuviera que hacer recomendaciones, estoy a favor de la restricción del uso del celular para fines no pedagógicos en las escuelas. Celular en el aula sí, pero guardado, solo con autorización del docente, y eso requiere una bajada de línea ministerial. No estoy de acuerdo con prohibir llevarlo o usarlo en recreos. Una política clara en torno a la restricción ayudaría muchísimo al trabajo docente.
Por otro lado, hay que avanzar con asignaturas que impliquen una teoría crítica a la tecnología, una formación en ciencias sociales que acompañe la incorporación de programación, diseño, robótica. Pero si vamos a propiciar que los pibes idolatren a Zuckerberg o Musk, también tenemos un problemón. De manera correlativa tiene que haber una impronta crítica de las ciencias sociales operando. Y después el tema de la IA es un gran problema. Creo que hay que avanzar hacia ciertos acuerdos pedagógicos que nos den herramientas a los profes para no estar decidiendo cada vez qué hacer con la IA en cada tarea. Yo defiendo a rajatabla la prueba tradicional, libro cerrado. Creo que es una buena oportunidad para volver a esa disciplina.
¿Cómo visualizás la evolución de la educación en los próximos años en relación con la presencia algorítmica de la inteligencia artificial? ¿Visualizás algún aspecto positivo o negativo?
Creo que lo que hoy aparece como novedad pronto dejará de serlo. Estamos en un momento de transformación, de crisis. La evolución es hacia una socialización en los pibes que ya va a ser atravesada por plataformas de un modo tal que las divisiones entre mundo real y virtual van a caer por su propio peso. En 5 años el entramado entre plataformas y vida cotidiana va a ser tal que no va a tener sentido diferenciarlos.
Si la cosa sigue su "curso natural", vamos hacia una integración cada vez más fuerte entre la lógica mercantil y la lógica de la vincularidad cotidiana, porque las plataformas van hacia eso. El dilema fundamental está entre las plataformas y lo que hacen los estados frente a eso. Las nuevas derechas han sellado su alianza con estas empresas. La manera en que funcionan las plataformas contribuye a ensanchar las distancias entre los que piensan distinto. A futuro, lo que queda por construir es estados que se erijan frente a estas empresas y construyan formas regulatorias que logren disputar las reglas de juego algorítmicas. ¿Eso implica prohibir las plataformas? No. Pero la televisión, la radio, los diarios han sido sujetos de regulación pública y lo mismo tiene que pasar con las empresas de plataformas. Si no, son Musk, Zuckerberg y otros los que definen las reglas de la interacción y se autorregulan. La respuesta no puede ser que las familias se autorregulen o que nos indignemos con las apuestas online. No se trata de amortiguar los efectos, sino de transformar las reglas de juego. La acción política del futuro está en el enfrentamiento estado-plataformas.
En esa situación, ¿cómo pensar el espacio de la escuela para enseñar a moverse críticamente en esas plataformas?
Sí, estoy de acuerdo. La gran distinción comunicacional es que antes podías distinguir entre los grandes medios y el intercambio cotidiano. Hoy la infraestructura de los intercambios cotidianos son las plataformas, es decir, son los grandes medios. Desmontar eso cuesta un huevo en términos de producir un extrañamiento, porque es tan natural. Los pibes necesitan herramientas porque son los sujetos protagonistas de esta transformación histórica, mucho más que nosotros. Ellos nacen en la vida social como consumidores de plataformas.
Promover instancias de crítica está en entender el modelo económico del capitalismo de plataformas, entender que hay una operación de dominio sobre el tiempo subjetivo que se explica por un fin de explotación económica del tiempo de vida. Y ese tiempo se articula con transformaciones políticas y culturales que acentúan los conservadurismos.
La escuela es un lugar a defender. Hay cosas que los pibes no van a ver nunca a menos que lo vivan en la escuela: las salidas, la invitación a un ex combatiente, la salida a un diario. La escuela es ese lugar que te puede ofrecer un acceso a lo contradictorio, a lo que te incomoda.
En términos educativos hay una apuesta decisiva. No casualmente se critica tanto la escuela ahora: hay algo del propio ritual escolar que es anti-plataformas. Algo de la tradición escolar se le resiste a la plataformización, porque obliga a compartir horas con otros distintos, en una grupalidad que va contra la lógica plataformizada. Esos rituales colectivos, ese ritmo institucional, son un poco anti-plataformas. Ante ese aplanamiento de la experiencia, la escuela te marca los momentos. Hay algo de esos rituales que son muy valiosos y yo creo que es un momento para defender a la escuela en sus formas tradicionales, pero con disposición a incorporar lo necesario para que los pibes se sientan atraídos por la transmisión curricular. La escuela es un lugar a defender. Hay cosas que los pibes no van a ver nunca a menos que lo vivan en la escuela: las salidas, la invitación a un ex combatiente, la salida a un diario. La escuela es ese lugar que te puede ofrecer un acceso a lo contradictorio, a lo que te incomoda. Hay algo de esta cuestión de normar las conductas bajo otros parámetros que no sean los de la vieja disciplina que se hace muy necesario en tiempos de plataforma.
¿Cómo impacta este avance tecnológico tan rápido en el horizonte de futuro que los jóvenes pueden vislumbrar?
Ese es un desafío más propio de la IA. La automatización implica transformaciones laborales vertiginosas; lo interesante es que lo que está en riesgo ahora es el trabajo más creativo. La huelga de los guionistas en Hollywood fue significativa. Eso desarma horizontes de futuro. Pero hay otro plano: surgen otras promesas de éxito que en vez de tener que ver con una carrera de ascenso social, tienen que ver con un acceso al dinero sin las mediaciones laborales habituales, como se vio en las apuestas online, las cripto, las billeteras virtuales. Ante la crisis de los laburos tradicionales y de los ingresos, hay cierta ideología informático-financiera que toma a su cargo esa falta de expectativas y te dice para qué vas a estudiar si la "guita" está en las finanzas. Por supuesto, el sueño es trunco para la mayoría. Pero del otro lado, es cierto que los ingresos de un médico o un programador no son muy prometedores, o los docentes. De mi generación casi no conozco docentes que vivan solamente de esto. Hay un desmembramiento del mercado laboral que es fuerte.